La
caída del liberalismo
Durante el periodo de posguerra (primera guerra
mundial) los valores del liberalismo parecían ser parte de la vida política de
ese entonces. Estos valores e instituciones de la civilización liberal eran el
rechazo a la dictadura, al gobierno autoritario, promover el respeto a la
constitución, la razón como valor del estado y la sociedad, el debate, la
educación, ciencia y el perfeccionamiento de la condición humana.
Pero surgieron tres fuerzas que derribaron de alguna
manera los regímenes liberales (o al menos empezaron a derribarlo), y estas
eran: dejar atrás el sistema tradicional de golpe de estado militar, contrarias
a la revolución social, reacción de subversión del viejo orden social. Estas
ideas eran autoritarias y hostiles. Tendían a apelar al sentimiento
nacionalista para poder ser legítimas y ganar gran popularidad.
De todas maneras, uno de los peligros más
trascendentes y claros para el liberalismo era la derecha, ya que era una
amenaza para la ideología de la civilización liberal. La izquierda no se
quedaba atrás, ya que, en el liberalismo era considerada una amenaza para el
orden social.
La política liberal, en su forma de gobierno
característica, la democracia representativa, pocas veces demostró ser
convincente para dirigir los Estados.
El liberalismo tenía que luchar también contra los
llamados “estados orgánicos”, que no eran más que regímenes conservadores, que
aparte de defender el orden tradicional, recreaban sus principios como
resistencia al individualismo liberal.
Otra de las causas de la caída del liberalismo fue
el auge del fascismo. Gran parte de los movimientos fascistas estaban
compuestos por la clase obrera, por la capa media de la sociedad.
Pero no fue sino hasta la victoria de Hitler que el
fascismo se hizo un poderoso movimiento político de alcance mundial.
Con el auge de las potencias del Eje en la Segunda
Guerra Mundial, se dio un retroceso de las políticas liberales. Cerca de 15
países perdieron sus democracias. Gran Bretaña, Finlandia, Irlanda, Suecia y
Suiza, fueron una de las pocas que se mantuvieron. En américa fueron Canadá,
Estados Unidos, Costa Rica, Uruguay y Colombia.
Había una relación entre la iglesia, los
conservadores y los fascistas, y era el odio a la Ilustración del siglo XVIII,
a la revolución francesa, la democracia, el liberalismo y el comunismo ateo.
La asociación de la iglesia con el fascismo le trajo
problemas con sus fieles antifascistas. La iglesia parecía divida, por un lado
se creó un partido democrático cristiano y por el otro los fieles católicos
estaban en favor de Franco en España, por poner un ejemplo.
Como se ve, no todas las fuerzas que expulsaron al
régimen liberal eran fascistas. El fascismo inspiro a otras fuerzas
antiliberales, las apoyo. Le dio a la derecha una confianza enorme para
avanzar. Los autoritarios o conservadores no tenían una ideología en concreto.
Apoyaron a Hitler y el fascismo solo como alianza natural de los sectores de la
derecha.
Podemos decir entonces que el liberalismo cayó por
una fuerza externa a él como lo fue el fascismo de Mussolini y Hitler. A su vez
este fascismo llego a hacerse universal gracias el poder de este último.
También contaban con el apoyo, para expulsar el régimen liberal, de la derecha,
izquierda, autoritarios, conservadores y también de un sector de iglesia
católica.
El atropello a sus ideales, el rechazo a la
dictadura, al gobierno autoritario, promover el respeto a la constitución, la
razón como valor del estado y la sociedad, el debate, la educación, ciencia y
el perfeccionamiento de la condición humana, también fue una de las causas.

