jueves, 16 de noviembre de 2017

La ética en la abogacía


Antes de desarrollar el tema en cuestión debemos hacernos una pregunta etimológica, ¿De dónde proviene la palabra ética? Citando a Aranguren “proviene de un vocablo griego muy antiguo: êthos, vendría a significar residencia, morada. Pero ya no el lugar donde mora el hombre, sino ese terreno simbólico que cada hombre alberga en su interior”.
El abogado, o el estudiante de abogacía debe ser un virtuoso del derecho, y, además, tiene el deber de aplicar las normas de la manera más justa posible, acompañado de acciones y hábitos que van formar a un profesional del derecho.
El profesional en esta materia, abogacía, está sujeto al libre accionar de su voluntad, sus acciones lo van modelando. El hombre siempre busca el bien, lo que genera felicidad. Platón no identifica al bien con el placer, porque cometer una injusticia es peor que padecerla, ya que empobrece el alma que es lo peor que le puede pasar al hombre.
Debe tener actitudes frente a la vida profesional que está en curso, ya que solo él es el encargado de perseguir la justicia, pero no la justicia espiritual o del alma, de ninguna manera. La justicia que persigue el abogado es la terrenal, la que solo el hombre imparte sobre otro hombre para que, si bien Dios nos permite el libre albedrio y vivir en libertad, haya la suficiente cordura como para vivir en paz y armonía y convivir con diferentes ideales (no puedo matar a alguien que piense distinto).
Como dice Ortega “la vida es el principal quehacer del hombre”, por esto mismo y al decir que el abogado debe ser un virtuoso del derecho, me estoy refiriendo a que este debe proteger el principal derecho del hombre que es la vida, sin la cual no existiría el derecho.
Debe tener vocación que es la esencia de todo hombre profesional, no solo del derecho sino de cualquier ámbito en el que se desarrolle. Por qué no alcanza con ser un virtuoso del derecho, si no se cuento con vocación que es la inclinación o interés que una persona siente en su interior para dedicarse a una determinada forma de vida o un determinado trabajo.
La vocación es acompañada por los hábitos, que deberían ser buenos y que forman al profesional del derecho.
La autenticidad es la calidad y carácter de verdadero o autorizado. Si bien el trabajo del abogado es llegar a la verdad, a lo auténtico del acto, muchas veces debe obviar ciertas normas (para defender a quien cometió un acto injusto), pero esto no lo aleja de ser un virtuoso del derecho, al contrario y como dije más arriba debe aplicar las normas más justas (aunque no siempre sea a la víctima sino al victimario).
El abogado tiene la obligación de ser un virtuoso en el derecho y por supuesto saber aplicar las normas a cada caso que se le presente, debe defender las acciones humanas tanto buenas como malas, lo que le da mayor prestigio y mediante hábitos lo va a ir formando en su carrera profesional. Esto no quita que esos hábitos sean buenos o malos.
En conclusión, se necesita de la ética para ser un profesional justo y humanamente integro.
El abogado debe tener vocación por su profesión, para ser un auténtico profesional e ir marcando mediante acciones humanas, un camino realmente difícil de transitar que es el defender a una persona, buena o mala.

No hay comentarios:

Publicar un comentario